domingo, 6 de agosto de 2017

ASESINATO EN EL AYUNTAMIENTO

El encuentro tuvo lugar ayer mismo, tarde, cuando sólo quedaban uno o dos guardias urbanos en el recinto. Se miró en el espejo con marco dorado que tenía en el despacho para ver si estaba bien maquillada. A continuación, se dirigió al sito que él quería: la sala de reuniones. Era un capricho de despedida.
-Me da mucho morbo –le dijo.
Y lo cierto era que a ella también, como todo lo que hacía con Rafael. Pero de momento tenían que parar. Ya había sospechas, cotilleos, miradas suspicaces de la parte de sus colaboradores más cercanos. Lo había notado. No podía permitirse que el rumor se extendiese.
Esperaba ardientemente el momento en que acabara su mandato. Total, era cuestión de año y medio. El tiempo necesario para que subieran sus ahorros a un nivel aceptable y cruzar el mar, los océanos. Entonces podría decir adiós a Enrique. Con el dinero que ella iba poniendo en la cuenta secreta, la que tenía con Rafael, podrían irse lejos, a Brasil, donde pudieran pasar juntos el resto de su vida y nadie les pudiera incordiar. Por eso –con crisis o sin crisis- no se bajaría el sueldo como le proponían algunos puritanos de su partido.
Esos eran los planes y pensamientos de la señora alcaldesa, una mujer de más de cuarenta años muy bien llevados, que mantenía una relación apasionada y oculta con un hombre veinte años más joven que ella, un poco violento, capaz de saciar su necesidad de placeres salvajes. Deseos que Enrique, su marido, plácido y solícito, no entendía, no conocía, no compartía.
Nada más ver a Rafael, que estaba esperándola pacientemente en la sala de reuniones, se lo explicó todo, se lo aclaró y completó la explicación con fervorosas promesas y apasionadas caricias, con gestos de pasión desbordante y brutal que fueron debidamente correspondidos.
Sin embargo, algo no debió salir del todo bien. Hoy a primera hora de la mañana, uno de los guardias urbanos ha abierto la puerta de la sala de reuniones y se ha encontrado a la alcaldesa tirada en el suelo con un agujero en la sien. El disparo ha sido a quemarropa, con una pistola provista de un silenciador. Sus ropas estaban desgarradas.
El escándalo ha sido inenarrable. Todos se han preguntado quién podía odiar así a esa mujer tan competente, tan agradable. La mayoría piensa ya en un crimen político. Nadie ha sospechado del guardia urbano que ha descubierto el crimen. Se llama Rafael. Se ha dicho muy afectado y se ha ido corriendo a casa. Por suerte tiene ya las maletas preparadas. Primero pasará por el banco y cogerá luego el camino del aeropuerto. Su avión para Río de Janeiro sale a las cuatro de la tarde.